Las Consecuencias de una aventura

Las Consecuencias de una relación:

El adulterio o la adúltera más precavidos, aquellos que nunca son descubiertos, pueden creer, falto de todo realismo, que su matrimonio sigue ileso. Mucho amantes llegan a tener una comunicación sexual en la relaciones ilícitas mucho mejor que en las lícitas. De nuevo, él o ella se sienten "enamorados" otra vez y el mundo es mejor; más vivo, más gratificante. Se encuentran más felices, relajados y con una mayor sensación de bienestar. ¿No podría afirmarse, pues que una pareja estable puede salir ganando con la infidelidad de uno de los dos?



Es posible que con el aumento de sexualidad la vida sexual matrimonial se vea renovada. Pero lo más seguro es que, por el contrario, haya comparaciones desgraciadas entre cónyuge y amante. Algunos hombres son incapaces de tener una erección con su mujer y tienen que imaginar que están con sus queridas para conseguirlo. Algunas mujeres descubren que una vez que tienen un amante ya no desean relaciones íntimas con su marido y acaban por rechazarlo.
Hay hombres que incluso gastan con una amante dinero del que privan a su propia familia. Esto provoca discusiones, por supuesto, y el «lío» puede, finalmente. crear una barrera mental tremenda: los secretos, los sueños y los acontecimientos cotidianos son compartidos con la amante en lugar de con la esposa, originándose un mayor distanciamiento entre el matrimonio.

Cómo termina

Los efectos de un «asunto» sobre una pareja dependerán mucho de los motivos que llevaron a uno de los dos a ser infiel y de las razones reales que les impulsaron a acabarlo. Muchas de esas relaciones se debilitan porque son demasiado difíciles de sostener y organizar. Una doble vida puede suponer una pesada carga emocional y económica, lo que acaba con las relaciones extra-matrimoniales, sobre todo si el grado de compromiso inicial era bastante limitado. De igual modo puede ocurrir que uno de los dos, que se toma la relación muy seriamente, se dé cuenta de que el otro no tiene intención de que sea algo permanente, de que no puede o no quiere abandonar a su cónyuge e hijos. En tal caso parece que la única solución es terminar con la relación.
Muchos «líos» terminan por ser confesados o por ser «descubiertos» a menudo, porque el adúltero realmente lo quiere así. Esto suele ocurrir porque el adulterio no era, en realidad, otra cosa que una llamada de auxilio, un modo de obligar al cónyuge a prestar atención a la falta de felicidad o de comunicación que estaba minando el matrimonio. La estructura de la relación matrimonial recibe un «shock» que podría conducir a la auténtica comunicación entre marido y mujer y posibilitar el genuino intento de poner las cosas en claro: pero tal empeño sólo sería posible sobre la base de una excesiva tolerancia, comprensión e indulgencia por ambas partes.
Si la motivación principal para entablar unas relaciones adúltera s era una vida sexual no satisfactoria, no es probable que mejore ésta cuando el cónyuge descubre la infidelidad y su origen. Es más probable que el marido o la mujer tengan un continuo sentimiento de inferioridad y sean conscientes de la posible comparación con la otra u otras personas. En estas circunstancias. si la pareja tiene un deseo real de remediar la situación, es recomendable buscar la ayuda de un médico o de un consejero matrimonial.
El final de una aventura suele ir acompañado de una gran insatisfacción. No sólo es traumático para el matrimonio que se ha roto, sino también para «la otra» o «el otro». Pueden sentir la traición tan intensamente como el cónyuge ofendido, particularmente si abrigaban esperanzas de que el amante o la amada abandonasen hogar y familia por su amor.
Cualquiera que sea la razón de la separación definitiva. el final de la aventura amorosa suele ser una época emocionalmente difícil para los amantes.
Si uno de ellos decide volver a su hogar, el otro puede encontrarse con una serie de problemas prácticos, por ejemplo: cómo llenar su tiempo, cómo evitar encontrarse y, a veces, hasta tendrá que cambiar de trabajo (si trabajaban en la misma empresa). Si la aventura se ha desarrollado en una ciudad pequeña.
la ruptura puede suponer que uno de los amantes tenga que trasladarse a vivir a otro lugar.

La recomposición del matrimonio

La cuestión más difícil a la que hay que hacer frente, cuando de reconstruir un matrimonio se trata.
es la de la «aventura amorosa», que ha satisfecho deseos tanto sexuales como emocionales. Una aventura amorosa hiere no sólo la propia estima del cónyuge. sino también su corazón. Pues amar al intruso ataca las propias raíces de la relación matrimonial. Las aventuras amorosas duran, a veces sin ser descubiertas, años y años, yeso también hiere el orgullo.
«Fui el último en saberlo...», dice la parte ofendida.
temiendo que los amigos que estaban al corriente se rían.


Para que haya ocasión de reconstruir el matrimonio, los cónyuges deben comprobar si aún se tienen algo de amor: en cuanto amigos o coprogenitores, a través de intereses comunes, como personas. El hecho de que él o ella hayan permanecido alIado de su cónyuge, en lugar de irse con el o la amante. e intente que el. matrimonio vuelva a funcionar es prueba evidente de que su interés por recomponer la antigua situación es real. Lo más importante es saber que la aventura ha terminado. pues de lo contrario no tiene sentido continuar el matrimonio.

Muchas aventuras acaban rompiendo un hogar.
Con frecuencia, alguno de los dos resulta tan herido y perjudicado al descubrir que su cónyuge ha estado teniendo relaciones íntimas con un amante que no puede considerar la idea de reconstruir el matrimonio. La herida se convierte en ira y disgusto y el resultado inevitable es la separación o el divorcio.



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