Recién Casados



LOS RECIÉN CASADOS

La mayoría de los seres humanos no comprenden cuán importantes son, en realidad, los primeros días de un matrimonio. La luna de miel puede marcar la pauta para el resto de su vida común.

En la actualidad son cada vez más quienes probablemente habrán tenido alguna experiencia sexual antes de la boda, aunque sólo haya sido con aquella persona con la que van a contraer matrimonio. Por añadidura también es más probable la existencia de parejas que viven juntas durante cierto tiempo, a veces años, antes de casarse. Esto parece indicar que la tradicional luna de miel y los nervios de la primera noche deberían ser como del pasado, pero no siempre sucede así.
Por mucho que hayan vivido juntos o hayan hecho el amor antes, las cosas cambian cuando dos personas contraen matrimonio. El adoptar la decisión de casarse supone un compromiso mutuo mayor respecto al futuro.
Es probable que la fuerza de este nuevo compromiso tenga un efecto en toda relación; si ambos han vivido anteriormente juntos, uno o los dos pueden sentirse dominados por este lazo nuevo y más firme.
Por otra parte, es posible que algunas parejas acojan favorablemente este mayor sentido de seguridad que aporta el matrimonio. A algunos les parecerá que casarse es como empezar todo de nuevo; es probable incluso que se sientan un tanto adolescentes.
Cualquiera que fueren los antecedentes sexuales y emocionales de la pareja de recién casados, las primeras semanas del matrimonio resultan importantes:
marcan la pauta para el resto. Si uno de los cónyuges experimenta preocupaciones o ansiedades acerca de algún aspecto del matrimonio interesa que los comparta cuanto antes. Cuando no se habla de una cosa progresivamente resultará más difícil referirse al tema.

Aprender a compartir





Por lo general se espera que una pareja casada comparta todo y no tenga secretos, pero el compartirlo todo no significa que se trate exclusivamente de bienes materiales. Es también compartir emociones, intimidad y normas. En realidad, los matrimonios no lo comparten todo y cada pareja ha de acordar una seríe de reglas válidas para ella misma.


Si los recién casados no han vivido juntos antes de su matrimonio advertirán de repente cuántos son los rituales personales y corporales que hasta entonces habían efectuado siempre en un absoluto aislamiento. Los dos habrán de decidir si desean mantener ese aislamiento o si están preparados para no echar el cerrojo a la puerta del cuarto de baño.
La higiene y la limpieza pueden ser un espinoso tema de discusión entre los recién casad~. Cada uno tiene sus propias y estrictas ideas acerca del número de veces que hay que lavarse los dientes diariamente, sobre el número de ocasiones en que hay que bañarse y cuántas veces es preciso mudarse de ropa interior. Si su pareja no se adhiere a sus propias normas es posible que él o ella le parezca sucio y poco inclinado a la higiene.
Esta es una disputa, en la que debe ganar el bando partidario de una mayor limpieza. Algunos de los olores corporales resultan atrayentes y sexualmente excitantes, pero otros pueden resultar repelentes y tener sexualmente un efecto contrario. Ha de hallarse un punto de conjunción, por lo que quizá el baño juntos sea una solución buena, aunque no siempre práctica.


Despejar la atmósfera

Es en cierto modo extraño que en un matrimonio, tarde o temprano, no estalle una disputa. Incluso si han vivido juntos antes de la boda, la primera disputa matrimonial es, por lo general, aterradora.
Muchas parejas tratan de evitarla porque puede constituir un peligro para su relación. Sin embargo, es mucho mejor airear y despejar los malos sentimientos. Una discusión no significa el final de un matrimonio y el comienzo del divorcio. Contra lo que cabría esperar puede suponer una influencia totalmente positiva en el desarrollo de una relación.
Lo más importante, en lo que a una disputa se refiere, es conseguir situarla en perspectiva. Una pelea aparentemente banal por un retraso en la vuelta a casa o una comida mal cocinada puede significar en realidad algo por completo diferente y a menudo más importante que se ha desarrollado a lo largo de días, semanas y, en ocasiones. incluso meses.
Muchas disputas degeneran en palabras agrias y en acusaciones hirientes que es preciso aventar. Por desgracia. frecuentemente no resulta fácil pedir perdón; hiere al orgullo de cada uno. Por difícil que pueda parecer. a veces es esencial. «Nunca dejes que el sol se ponga sobre tu ira», puede ser un cliché. pero resulta un prudente consejo. Ninguna disputa merece una noche de helado silencio.

Previsiones y planificación

Muchos de los problemas prácticos con los que se enfrentan los recién casados podrían evitarse si al comienzo de su relación la pareja se hubiera concedido algún tiempo para meditar al respecto.
¿Tendrán una propiedad o una hipoteca conjunta?
¿Abrirán una cuenta corriente indistinta? ¿Sabrá usted cuánto gana su pareja? De una pareja a otra varían considerablemente hábitos y costumbres en cuestiones monetarias. Cualquiera que sea el sistema que elijan es importante que los dos estén de acuerdo.
Si la esposa no se propone trabajar por su cuenta dependerá del marido para los gastos domésticos y puede empezar a sentirse degradada a menos que él revele que valora su contribución emocional y práctica al matrimonio.
También cabe que sean origen de discordias las responsabilidades domésticas, especialmente en una época como ésta en que son más las mujeres que ocupan puestos de trabajo después de casadas. Muchos hombres todavía esperan que la mujer que trabaja se comporte como ama de casa después de su jornada laboral. Para ciertas parejas ésta puede ser la mejor solución, pero a muchas otras les resulta imposible. ya que para las mujeres recién casadas a menudo les supone excesiva fatiga trabajar y ser al mismo tiempo una perfecta ama de casa.
El compartir las ocupaciones domésticas no es simplemente una cuestión de que el marido soporte parte de  carga de su mujer. Si el marido es el único que gana dinero entonces la mujer tendrá también que pensar en compartir sus responsabilidades. La participación se extiende a todos los aspectos de las vidas de ambos cónyuges.


Los nervios de la primera noche

Existen, desde luego. muchas personas que tienen una luna de miel convencional; es posible que sean vírgenes o que no hayan hecho antes el amor juntos. Para estas personas resultan especialmente importantes las primeras semanas del matrimonio; es probable  que se hayan forjado todo tipo de ideas al respecto y que éstas sean fuente de multitud de problemas y dificultades.

Una vez concluida la boda desaparece la posibilidad de cualquier orientación fiable de amigos y familiares y la pareja queda a merced de sí misma. El mito nos hace creer que yacer con la persona con la que se acaba de contraer matrimonio es uno de los momentos más íntimos que compartirá una pareja.
y esto es cierto en algunas: su noche de bodas es maravillosa. Pero para otras el mito puede quedar muy lejos de la realidad. Algunas personas consideran que la novia debe llegar al lecho nupcial pareciendo y sintiéndose sexualmente seductora: conforme a esta idea es casi obligatorio un camisón transparente. Otras esperan que la novia vista también. entonces. de blanco para parecer virginal y especialmente dispuesta a la acometida de su viril y exigente cónyuge.
Ninguno de estos mitos describe la auténtica situación. Es muy probable que uno de los dos cónyuges o los dos se sientan asustados, nerviosos o inseguros.
Es posible que ambos teman que su comportamiento desilusione a su pareja.

En esta fase de sus relaciones. quizá más que en ninguna otra, importa que la pareja resuelva su ansiedad en vez de ignorarla. Al comienzo de una relación es mucho mejor hablar simplemente del tema que acometer un coito torpe. doloroso o fallido.
Con harta frecuencia las ansiedades de los recién casados podrían haber quedado resueltas muy sencillamente. Veamos. por ejemplo. el caso de una novia que es virgen. Por lo que sabe. es consciente de que.
como resultado del coito. puede sangrar; quedará roto su himen. Si la noche de bodas transcurre en un hotel manchará las sábanas y al día siguiente le avergonzará que las vea la camarera.
La solución a este problema es muy simple: puede tenderse sobre una toalla y lavarla al día siguiente.
Si el marido no entiende tales manifestaciones, sus explicaciones le ayudarán a saber más sobre su mujer.
Es probable que el novio aporte sus propias incertidumbres y dudas. Algunos hombres se sienten auténticamente inseguros de su potencia o de su capacidad para satisfacer a su nueva esposa. Estos temores. junto con otros, necesitan ser compartidos.
Para muchas parejas las prisas tras un largo período de anticipación de este momento. no les permitirán charlar. La acción se impone a las palabras y los recién casados empezarán a conocer mutuamente sus cuerpos y a hallar deleite en el trance.
En este caso la expresión de las emociones puede

demorarse hasta que la pareja haya consumado el matrimonio. La charla ulterior contribuirá tal vez a que en la próxima ocasión las cosas sean aún mejores.

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Recién casados, pero no por primera vez

No todos los recién casados tienen poco más de veinte años y acaban de contraer matrimonio por primera vez. Muchas personas pasan más de una vez por la experiencia; uno o los dos cónyuges han estado anteriormente casados.
En esta situación es muy corriente que cualquiera de los dos cónyuges se pregunte cómo habrá salido librado de la comparación con el cónyuge anterior. También es posible que atribuya a su nuevo cónyuge sentimientos del precedente.
En el caso de estas parejas es decisivo que cada cónyuge averigiie los verdaderos sentimientos y reacciones de su nuevo compañero. porque de otra manera nunca llegarán a conocerse bien y pueden reaparecer las situaciones del matrimonio anterior.
Finalmente, los votos formulados en la boda no significan un acceso íntimo e instantáneo a la mente de su cónyuge. Esto sólo se logrará a través del amor y de la comunicación mutuos.


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