Tener Una Aventura

Tener una Aventura


Cuando una pareja contrae matrimonio o decide unirse sentimentalmente se entiende desde el principio que serán fieles el uno al otro. Pero, a veces, la tentación de buscar la compañía sexual de otra persona es irresistible.



La idea de fidelidad es algo muy arraigado en las relaciones sexuales de nuestra sociedad. Incluso antes del matrimonio, la mayoría de hombres y mujeres rechazan la posibilidad de compartir a la persona amada con otra, sobre todo en el terreno sexual. Tendemos a valorar la seguridad de que la persona escogida como compañero o compañera no se permita mantener relaciones físicas con otro, y en la ceremonia nupcial esto se transforma en una promesa formal de renunciar a todos los demás.
La mayoría de las parejas tienen, de entrada, una sincera intención de mantenerse fieles, pero en la práctica queda bastante claro que estas buenas intenciones no siempre se cumplen, y «tener un lío» se ha convertido en algo bien conocido en nuestra sociedad. No hay estadísticas fiables sobre infidelidad (pues la mayoría de la gente prefiere mantener en secreto sus asuntos ilícitos), y resulta imposible decir si hoy día hay más gente que tiene aventuras amorosas que hace treinta años.

Ciertamente, la gente joven se está educando en una sociedad permisiva en la que las relaciones sexuales son para muchos parte normal de su desarrollo. La mayoría de las personas adultas de hoy podrían afirmar que conocen a alguien que tiene, o ha tenido, una aventura amorosa.

La oportunidad

¿Qué hace que se rompa el compromiso de la fidelidad? Es demasiado simple decir que un matrimonio es «desgraciado». Una pareja puede tener problemas reales, tales como ser incapaces de hablar de cosas de interés común, como que la vida matrimonial se haya convertido en una rutina, o quizá hayan dejado de encontrar placer en sus relaciones sexuales, pero, a pesar de ello, no caen en la tentación de tener un «lío amoroso». Mucha gente se pregunta ¡¡i la vida con otro compañero o compañera no sería más satisfactoria, pero no dan ningún paso para hacerlo realidad. ¿Por qué?
Puede que el sentido del deber y del compromiso les haga mantenerse fieles a su compañero, a pesar de los aspectos negativos de su matrimonio. De igual modo puede ocurrir que las circunstancias lo hagan totalmente imposible. Como en las novelas policíacas clásicas, cometer adulterio requiere no sólo un motivo, sino también una oportunidad y unos medios.
Puede que ni el hombre ni la mujer encuentren jamás una persona con atractivo suficiente para ser la alternativa a su pareja, o puede que les desagrade la clandestinidad de la que tienen que rodearse para mantener su aventura en secreto. Existe siempre el temor de encontrarse con conocidos en cualquier lugar al que se vaya con «él» o con «ella», ya sea en un restaurante, cafetería, teatro o cine, o tal vez en el coche o en la calle, incluso puede haber un toque de sordidez. Tocarle las tetas a una chica en la fila de atrás del cine puede ser algo normal en la vida sexual de un adolescente, pero tiene un cariz muy distinto cuando ambos tienen más de cuarenta años y están casados con otras personas.


Los momentos de peligro

El momento más propicio para que se produzca la infidelidad se da cuando las relaciones se encuentran sometidas a tensiones. Cuando la pareja se halla separada por algún tiempo, o cuando hay preocupaciones domésticas de dinero o de otro tipo. Un asunto amoroso extramatrimonial ofrece una vía de escape de la realidad. También suele darse cuando la tensión física es muy fuerte uno de los dos es incapaz de mantener relaciones sexuales.



Puede que el aburrimiento y la mera falta de variedad hayan ido minando poco a poco la relación hasta llevar a la pareja al punto de ruptura. Vivir juntos día tras día, aunque sea rodeados de seguridad y comodidades, no conduce necesariamente a unas relaciones atractivas y amenas. Hay veces que uno está cansado o malhumorado o en que hay que realizar tareas domésticas cotidianas como lavar los platos o cambiar los pañales al bebé. Si también la vida sexual ha quedado reducida a algo mecánico e insatisfactorio, la tentación que supone conocer un hombre o mujer nuevo e interesante puede ser irresistible.
Para una esposa que tiene que permanecer en casa, las causas pueden ser el aburrimiento y la soledad. Cuando los hijos están en la escuela y las horas del día se hacen largas, es fácil para la mujer sucumbir al atractivo de un adulterio. Por otro lado, la mujer casada que trabaja puede tener oportunidad de encontrar un asunto entre sus amigos o colegas masculinos. Fácilmente, se acostumbra a irse a comer con alguien de la oficina o a tomar una copa después del trabajo. Puede conversar con otro hombre de cosas que no sean los niños, la cocina o la televisión. Se siente adulta, independiente y mujer de mundo. «No es más que un amigo», se dice a sí misma, pero con tiempo y la ocasión favorable es facilisimo que la relación se transforme en algo más importante.
Algunas investigaciones realizadas en diversos países señalan que los amantes suelen tener algo en común: un horario irregular de trabajo. No es ningún secreto que los médicos, los policías, los periodistas y los ejecutivos tienen un número de rupturas matrimoniales superiores a la media.

Los hombres que son fieles a sus esposas pueden ocasionalmente sentirse presionados a demostrar lo contrario. Uno de los más funestos efectos de nuestra sociedad permisiva ha sido el de hacer sentirse culpables o estúpidos a quienes tienen contactos sexuales limitados a una sola persona. Los libros, los periódicos, la televisión y el cine son un acicate continuo para que ampliemos nuestro conocimiento carnal. A veces hay quien tiene la valentía de oponerse y manifestar que no le interesan las experiencias extra-matrimoniales, pero es muy probable que le acusen de ser un soso en el terreno sexual o de ser un gazmoño. Los matrimonios, incluso aquellos que van bien, pueden conmocionarse por el trauma de la infidelidad cuando la idea de un «lío» atrae a alguno de los cónyuges. Hay gente a la que los amigos y los medios de comunicación han condicionado para que deseen tener relaciones extra-matrimoniales esporádicas.

Un «lío» con una chica guapa hace que un hombre se sienta todavía joven y en forma, lo que refuerza su ego. Igualmente puede ocurrirle a una mujer casada; que así se cerciora de que todavía puede conquistar a un hombre. Tanto hombres como mujeres sienten que este tipo de encuentros nada tienen que ver con su matrimonio o con los sentimientos hacia sus cónyuges. Si son descubiertos, probablemente alegarán «que no era nada, sólo una aventurilla». Aventurilla o no, el saber que el cónyuge ha sido infiel. aunque sea accidentalmente, puede destruir la confianza mutua y minar los cimientos del matrimonio más feliz.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Recién Casados

Zonas Erogenas

El Preludio Amoroso